He visto llorar a los justos lágrimas de sangre, no sé porqué, acaso dejándome llevar por la nobleza de quienes son, he visto su tristeza y su amargura, es dolosa la visión de quién con sentidos alcanza la vida, esperando cada amanecer mirando al cielo en un rogar dando gracias por el nuevo día, simplemente por el sol que de ese tiempo le toca vivir.
Solo el impedimento de la causa de su frustración hace de su vida un tormento, por no querer alzarse al igual que el semejante que le injusta en la causa que le hace padecer, la razón de la existencia de aquellos que practican la maldad, es cadena de la consecuencia que forja las brasas de su erebo.
Miro al desconsolado, sin entrometerme, ruego y pienso en su consuelo, en silencio canto letanías a la espera de su remedio, esas de las que a la espera en cada letra, en cada verso van condenando y forjando hierros que maniatando y dando yugo, esclavizan al demonio que les atormenta.
No son perjuros, no son maldiciones, son desdichas de las miserias humanas, tanto las que se ven como las que se desean, causa ellas de la impotencia del desvelo, y del dolor que impera en el trasiego de esta banal batalla, es Humanidad, solo la que implora la razón de este hecho, es la pretensión de alcanzar el dictado propio del merecimiento, en camino de una verdad, esa que es consecuencia de la vida, desde la que se cree y crea, atendiendo a la llamada de la conciencia, sin tan siquiera traicionarla, es aunque no parezca, el acercamiento propio de saber ser uno mismo siendo fiel a su causa, en busca del dolor y solidaridad hacia los demás, aprendiendo a saberse uno mismo desde la razón que la hace ser y existir, es tan simple como el defecto propio de ser lo más hermoso que se puede ser, la controversia misma a veces de la lógica vital, es ser simplemente HUMANO. Jyhael




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